Espectacular este eclipse total de Sol del 12 de agosto de 2026, que me dejó una lección inesperada: soltar el control.
Acudí a verlo con mi hija adolescente y me preguntó si podía pedir un deseo durante ese minuto largo que duraba el eclipse. «Creo que es mejor que te enfoques en eliminar lo que no deseas de ti, un mal hábito como pasar horas mirando el móvil, acostarse tarde, o un rasgo tuyo que te cueste controlar. La Luna, simbólicamente, representa el inconsciente, lo que está oculto, mientras que el Sol se asocia con la conciencia y la imagen que ofrecemos al mundo. El eclipse muestra así una imagen poderosa que invierte los papeles: durante unos minutos, la Luna se coloca delante del Sol y aquello que normalmente permanece oculto, adquiere protagonismo.
Además, la Luna está en fase de luna nueva, justo cuando acaba su ciclo, y empieza el siguiente; algo termina y algo nuevo empieza.
Gran parte de lo que creemos, sentimos y hacemos no ocurre bajo el control consciente. Hay procesos automáticos que influyen en nuestras decisiones mucho antes de que podamos razonarlos.
Justo diez minutos antes de la hora prevista para el eclipse total, una gran nube cubrió el Sol. Desolación entre el grupo expectante, especialmente los niños, que empezaron a gritar, «nube, vete». Los mayores fueron algo menos educados.
En ese momento lo tuve claro.
No depende de mí, así que…
Soltar el control, ese era el mensaje para mí. El control existe porque existe el miedo. Si no tuviera miedo no existiría esa necesidad de control. Miedo a lo que va a ocurrir. A lo que no. A lo que hacen los otros… El miedo muestra que no somos dueños de nuestra vida o nuestras circunstancias y de ahí sacamos pensamientos como «la vida es injusta», «no me lo merezco»…
A veces no queremos controlar la vida. Queremos controlar aquello que tememos que vuelva a ocurrir.
Al final pudimos ver el eclipse total en todo su esplendor. La nube solo añadió emoción hasta el último minuto, como en las películas de acción, lo cual intensificó la sorpresa y la alegría. No pudo salir mejor.
De vez en cuando, constelo para mí «lo que el Campo quiera», sin elegir un tema en concreto y me dejo llevar. Es mi manera de soltar el control, de dejar de fijarme en los pequeños problemas de mi vida para dar espacio a lo que necesito sanar y no veo.
Lo hago especialmente cuando se dan determinados eventos astronómicos como alineación de planetas, eclipses o así. Entonces me pregunto por ejemplo, ¿qué está desalineado en mí? o ¿qué necesito sanar o eliminar en este momento?
El Universo siempre responde, generalmente de maneras que nunca hubiéramos imaginado. Y lo hace de formas maravillosas cuando nos abrimos a entender.
