Si sientes que el dinero no te alcanza, que no ahorras o que siempre aparece un imprevisto… probablemente ya te has hecho esta pregunta:
¿qué estoy haciendo mal?
Puede que el problema no esté solo en lo que haces hoy. El dinero es una energía. Las monedas y los billetes que tienes en la cartera son sólo la representación física de esa energía. El dinero representa el intercambio entre lo que damos, nuestro tiempo, nuestros conocimientos y habilidades para desempeñar el trabajo que hacemos y lo que recibimos por ello.
En constelaciones familiares observamos algo frecuente:
la relación con el dinero no empieza contigo.
Vemos que las dificultades con el dinero pueden tener muy distintos orígenes, fidelidades a situaciones de pobreza, pagar por culpas antiguas cuyos autores no pagaron, imitación de patrones en los que tener dinero causó una desgracia familiar… ¿Te sorprende esto?
Imagina que un hombre gana una importante cantidad de dinero y al morir, sus herederos pelean tanto por ese dinero que se rompe la familia. Dejan de hablarse y alguien llegó a la conclusión de que el dinero rompe la familia. Esa creencia «si no hubiéramos tenido dinero, seguiríamos juntos» se imprime en el sistema familiar, que cree que tener mucho dinero genera un riesgo para la felicidad familiar. Es decir, que el beneficio de no tener, supera al de tener dinero.
A veces no se expresa con palabras, pero las creencias existen y pueden aparecer generaciones después como dificultad para sostener ingresos, o tomar decisiones que nos boicotean la riqueza.
A nivel inconsciente, esos bloqueos actúan de freno sin que nos demos cuenta. ¿Cómo es posible? Porque el cerebro no distingue pasado de presente cuando una emoción no está integrada. Para el cerebro, sigue ocurriendo.
He observado que esta carencia económica se manifiesta con ansiedad, miedo, nerviosismo y a menudo como una «invasión del territorio» en el sentido de que algo «amenaza lo que es mío».
A nivel sistémico, muchas veces la falta de dinero enlaza con la situación de pobreza o escasez vivida por algún ancestro hace generaciones. La vida era dura antiguamente. En España vivimos una guerra civil que ocasionó carestía de alimentos. Hay toda una generación en Europa de «niños de postguerra». En Latinoamérica también ha habido épocas difíciles y más allá del marco nacional, las familias sufren altibajos económicos. La vida son ciclos.
Algunas personas emigran a otro país buscando una vida mejor. Quieren dejar atrás una sociedad o una familia de origen que no les ofrece lo que ellas anhelan. Y sin embargo, la vida en el país de acogida no es fácil. Parece que se repite el patrón que querían dejar atrás. ¿Qué pasa?
Lo que ocurre es que el pasado nos sigue como un perrito fiel. No podemos escapar a nuestro pasado, no importa los km. que haya por medio. Que el miedo a que me pase lo mismo que a mis bisabuelos, por ejemplo, a que el dinero no me alcance, se muestra en nuestro entorno actual.
El primer paso es mirar con amor la vida de las generaciones anteriores, la dureza de sus destinos y de lo que les tocó vivir. Así fue.
El segundo, agradecer lo que hubo. Este paso no es fácil pero es transformador. Dar las gracias porque los ancestros hicieron lo que pudieron. Sin juzgar, sin quejarse. Tomar lo que vivieron y lo que pudieron dar con amor y gratitud.
Fue difícil, sí. Agradecer eso que fue difícil. Aquí aparecen las resistencias. Nuestro ego empieza a temblar. Prueba a mirarlo así: tener más o menos dinero no construye nuestra identidad. Simplemente, son circunstancias. Puedes dejarlas en el pasado, es tu elección.
Hoy ya eres adulto, has crecido. Hoy puedes elegir vivir de otra manera.
Lo difícil te dio recursos, te dio fuerza para cambiar tus circunstancias. Ahora puedes hacerte cargo de tu vida. Entender el origen es importante pero necesita aplicarse a tu caso concreto, porque cada historia es distinta y el bloqueo también.
Ten por seguro que cuando miras a tus ancestros con agradecimiento, ellos te devuelven tu gratitud y te apoyan en tu prosperidad. Ellos quieren que tengamos éxito.
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