El trabajo no es solo una fuente de ingresos. Para muchas personas, es también un espacio donde se juegan el valor personal, el reconocimiento, la pertenencia y el sentido.
Bloqueos laborales, dificultad para avanzar, miedo a destacar o necesidad constante de aprobación pueden tener raíces más profundas que la simple falta de motivación. Desde una mirada sistémica, el trabajo está ligado al lugar que sentimos que podemos ocupar.
A veces repetimos dinámicas familiares: cargar con responsabilidades que no nos corresponden, quedarnos pequeños para no incomodar o esforzarnos de más para sentir que merecemos estar.
Explorar la relación con el trabajo permite ver qué historia se está representando ahí. No para cambiar de empleo necesariamente, sino para comprender desde dónde nos posicionamos.
Cuando el lugar interno se ordena, el externo suele empezar a moverse.