Cuando el cuerpo recuerda lo que la mente intenta olvidar

Hay experiencias que no se integran fácilmente. Situaciones que fueron demasiado intensas, confusas o solitarias y que, aunque hayan pasado, siguen presentes de alguna forma. A veces aparecen como tensión corporal, reacciones desmedidas o una sensación persistente de alerta.

Desde una mirada vivencial, el trauma no se entiende solo como un hecho concreto, sino como cómo fue vivido. Dos personas pueden atravesar una experiencia similar y quedar marcadas de manera muy distinta. Lo importante no es el suceso, sino el impacto que tuvo y los recursos disponibles en ese momento.

Muchas respuestas asociadas al trauma no son fallos, sino intentos de protección que quedaron activos. El cuerpo y el sistema hicieron lo que pudieron para sostener lo insoportable.

Mirar el trauma con respeto implica no forzar recuerdos ni buscar explicaciones rápidas. A veces, simplemente reconocer que algo fue demasiado ya abre un espacio de alivio y comprensión.

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Isabel Comps

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