La autoestima como nunca te la explicaron

«El concepto de uno mismo es el destino»Nathaniel Branden

Durante años se trataba la autoestima como una creencia. Es decir, que se basaba en algo subjetivo: lo que yo creo de mí y mi valía personal.  Y como toda creencia, está influenciado por la mirada de los otros: lo que hemos oído y experimentado en nuestra familia y en nuestro entorno, de manera verbal o no, conscientemente o no. 

Es decir, si lo que pensaba sobre mí estaba basado en lo que había escuchado de mí a mis padres, a mis profesores… en sus opiniones. ¿Qué podía hacer yo? Yo no puedo cambiar sus creencias o sus prejuicios. Esta opción no me ofrecía ninguna herramienta válida para transformarla.

—¿Ya has probado lo de “piensa positivo” y repite afirmaciones? 

—¿Te funcionó? 

—A mí tampoco. Bueno, muy poquito.

—O lo que más me revienta escuchar: “quiérete más…” Facilísimo. 

—Vale, tengo que quererme más. ¿Y eso cómo se hace? 

Empecé a investigar sobre el tema. La confianza en nuestra capacidad de pensar y en la capacidad de enfrentarnos a los desafíos básicos de la vida, es el primero de los componentes de la autoestima según Nathaniel Branden, autor de Los seis pilares de la autoestima. El segundo es la confianza en que tenemos derecho a triunfar y a ser felices. Es nuestro sentimiento de ser dignos, de ser amados y de disfrutar del fruto de nuestro esfuerzo.

Branden afirma además que el nivel de la autoestima comienza como creencia y que una vez asentado ese nivel (en una escala del 1 al 10 por ejemplo) como alta o baja autoestima, se muestra como la confianza que yo tengo en mí respecto a lo que puedo hacer y a la felicidad o el amor que puedo obtener.

Y lo más importante: este volumen de amor o felicidad que obtengo coincide con el que yo considero que merezco, es decir, que nivela mi creencia. 

¿Cómo afecta la autoestima en las relaciones?

Un principio importante en las relaciones humanas es que nos sentimos cómodos, “como en casa” con personas que tienen un nivel de autoestima parecido al nuestro.

Si yo tengo alta autoestima, si me considero digna de recibir amor y felicidad, confío en lograrlo. Si tengo baja autoestima, no confío en encontrar alguien que me ame. Y lo que es peor, si encuentro a alguien que realmente me ama, puedo sabotear la relación. 

La clave aquí es que la realidad “tiene que ajustarse a mis creencias”, así que si creo que nadie me va a querer, aunque tenga una pareja maravillosa, mi tendencia será a pensar que la relación no puede ser tan bonita, que hay algo oculto o cosas así. Voy buscando lo que falta, es como ver el vaso siempre medio vacío, y al final, lo que me temo, acaba ocurriendo.

Es importante conocer que no hay mayor obstáculo en el amor que el miedo a no ser merecedor de amor y pensar que estamos destinados a sufrir. Por desgracia, eso genera profecías autocumplidas.

“Si yo me amo, tengo algo que dar. Pero si carezco de respeto por mí mismo y de la capacidad de disfrutar de quien soy, tengo muy poco que ofrecer, salvo mis necesidades insatisfechas. En mi pobreza emocional, tiendo a ver a las demás personas esencialmente como fuentes de aprobación o desaprobación. No las valoro por quienes son en sí mismas. Solo veo lo que pueden o no pueden hacer por mí. No busco personas a las que pueda admirar y con las que pueda compartir la emoción y la aventura de la vida. Busco personas que no me condenen y que, quizá, se sientan impresionadas por mi personaje, por la imagen que doy al mundo. 

Mi capacidad de amar permanece sin desarrollar. Esta es una de las razones por las que los intentos de establecer relaciones fracasan con tanta frecuencia: no porque la visión del amor apasionado o romántico sea intrínsecamente irracional, sino porque falta la autoestima necesaria para sostenerlo” afirma Branden.

Esto nos hace retornar al niño que fuimos. Porque nuestra autoestima y nuestra identidad empezaron a construirse en nuestra infancia. 

¿Cómo afecta el trauma temprano a la autoestima?

Cuanto más precozmente se instala una dinámica o un patrón de identidad, más profundamente participa en la construcción de nuestra manera de percibir, sentir y actuar. 

“Cuanto mayor es el terror de un niño y cuanto antes lo experimenta, más difícil resulta desarrollar un sentido fuerte y saludable de sí mismo” asegura Branden.

Como el niño no dispone de recursos psicológicos para comprender lo que sucede, y mucho menos para gestionarlo, empieza a pensar que lo que sucede tiene que ver con él y se culpabiliza.

Consideremos aquí el trauma en sentido amplio. De acuerdo con el dr. Gabor Maté, uno de los mayores especialistas mundiales en trauma, además del evento traumático reconocible como trauma: accidentes, abusos sexuales, violencia, etc. también se considera trauma el hecho de que las necesidades primarias del niño, como seguridad, afecto, confianza, etc. no fueran cubiertas durante un periodo prolongado de tiempo. Así, el niño aprende que sus necesidades no importan, que no vale lo suficiente como para que se ocupen de él, o que no merece ser amado. 

Cuando estos pensamientos se repiten, el niño los integra en su identidad y su autoestima se daña. Aunque ni siquiera sea consciente de esas frases, esa creencia organiza su vida posterior, precisamente, porque la mayoría de las veces, uno ya de adulto, no es consciente de que existen.

Conocí a una mujer que se bloqueaba en cuanto alguien se ponía a gritar. Quiero decir que su cuerpo se ponía rígido, y se sentía totalmente vulnerable, como si el grito fuera el anticipo del golpe que vendría después. Le costaba identificar la violencia de “bajo grado” porque no la reconocía como violencia. La tenía tan normalizada porque en su casa era normal. 

—¿Tu padre te pegaba? 

—No, mi madre, contestó.

De adulta, seguía sintiendo que frente al “peligro”, era incapaz de defenderse. No consideraba que el mundo fuera hostil, pero sí le hacía evitar los conflictos a toda costa. La amenaza no era real, su pareja no iba a pegarle cuando discutían, pero su respuesta seguía siendo la misma. Eso le impedía adaptarse al momento presente y lo que es peor, empezaba a acumular un cierto resentimiento hacia su pareja y hacia sí misma por ser incapaz de reclamar con éxito sus necesidades.

Y es que la impotencia para defenderse repetidamente genera una profunda convicción de ineficacia personal. Y eso erosiona la autoestima. Así como la eficacia personal entraña la expectativa del éxito como algo natural, el respeto a uno mismo entraña la expectativa de la amistad, el amor y la felicidad como algo natural, como resultado de quien somos y de lo que hacemos. 

La buena noticia es que la autoestima no depende sólo de la infancia. No se trata de culpar a nuestros padres ni de culparnos a nosotros mismos. Se trata de cambiar el foco. Se trata de dejar de mirar el problema, lo que pasó, y empezar a mirar lo que podemos hacer hoy con ello. Porque ya hemos crecido. Somos adultos y ahora podemos hacer algo por nosotros mismos. 

La infancia no es una condena perpetua

 La infancia crea una ventaja o desventaja inicial, pero no determina que esto sea así durante toda la vida. La autoestima adulta también se construye mediante prácticas conscientes: autoaceptación, responsabilidad personal, autoafirmación, integridad y propósito vital. Esto es, una persona puede haber sufrido terror temprano y aún así, reconstruir su autoestima mediante relaciones seguras y trabajo consciente sobre sí misma, que incluye terapia en cualquiera de sus formas, incluidas las constelaciones familiares. 

El trauma no destruye directamente la autoestima. Lo que la destruye son las conclusiones que el niño extrae sobre sí mismo para dar sentido al trauma. 

Lo esencial ahora es centrarse en el presente. Puedes preguntarte 

¿Qué acciones puedo realizar hoy para fortalecer mi experiencia de ser una persona competente y valiosa? 

La autoestima no es algo que recibimos. Es algo que construimos también mediante nuestras acciones.

Haz la lista de tus competencias: soy buena en… Mantenla actualizada, léela y revísala todos los días. Añade algo.

¿Qué puedo hacer hoy para darme amor a mí misma? ¿Qué me apetece hoy? Concédetelo.

No hace falta que sean grandes tareas. Lo importante es que tus acciones sean habituales y les des significado. Por ejemplo, cuando lees este artículo hasta el final, puedes decir “yo soy una persona que termina lo que empieza”. Cuando vas al gimnasio puedes decir «dedico tiempo a cuidarme».

¿Qué más puedes hacer?

Empieza por aquí:  autoaceptación. Deja de luchar contigo mismo.

Tu vida es importante. Honrala.

Las peores batallas son las que se dan entre distintas partes de mí, por ejemplo, la que quiere triunfar y la que tiene miedo de que le vean. Reconocer esa realidad interna es ya el primer paso. Simplemente acepta que es así, que las dos partes conviven en ti.

Segundo paso: constela lo que te bloquea. Tus dificultades no empezaron contigo.

Como ejemplo: un hombre siente celos de su pareja, aunque ama a su mujer y sabe que le es fiel. Algo dentro de él se apodera cuando ella se va de viaje. Este caso suele estar relacionado con algo grave que ocurrió en su sistema familiar de origen, generaciones atrás. Alguien sintió unos celos incontrolables, en una época donde el divorcio no estaba permitido legalmente, y sus actos (que pueden ser un crimen secreto, por ejemplo) causaron un daño que no se asumió. 

He observado que cuando constelamos un tema en genérico, el resultado de la constelación es también genérico. Funciona, sí. En cambio, cuando el tema a constelar es más definido, el resultado es más específico y más efectivo.

Aquí te dejo características de la alta o baja autoestima para que puedas evaluar tu nivel en términos concretos. La lista no está cerrada y puedes añadir las que consideres. Te darás cuenta de que tienes características mezcladas. Es lo normal. Ya puedes determinar por dónde vas a empezar.

¿Cómo evaluar mi nivel de autoestima?

Una baja autoestima se relaciona con:

  • uncheckedMiedo a lo nuevo o desconocido
  • uncheckedEstar a la defensiva
  • uncheckedLa sumisión o reprimirse en exceso
  • uncheckedMiedo u hostilidad a los demás
  • uncheckedLenguaje interno que se juzga a sí mismo
  • uncheckedCeguera ante la realidad, irracionalidad.
  • uncheckedRigidez
  • uncheckedAutosabotaje

Si esa persona es un gerente, por ejemplo, es incapaz de extraer lo mejor de sus trabajadores. Si la persona con baja autoestima es una madre… (puedes completarlo tú misma).

Cuanto mayor es nuestra autoestima:

  • uncheckedMejor preparados nos sentimos para hacer frente a los problemas 
  • uncheckedMás rápido nos levantamos tras una caída
  • uncheckedSomos más ambiciosos
  • uncheckedMás expresamos y reflejamos nuestra riqueza interior
  • uncheckedCreemos que nuestros pensamientos tienen valor
  • uncheckedTenemos relaciones más gratificantes 
  • uncheckedTratamos con respeto a los demás y a nosotros mismos

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Isabel Comps

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