Fui cliente de constelaciones familiares mucho tiempo. Constelé por ejemplo, la relación con mi madre. Funcionó bien; nuestra relación mejoró pero la pregunta que flotaba después era ¿será suficiente una sola constelación?
Pronto descubrí que no. Nuestra madre está implicada en cómo nos relacionamos con otros seres humanos, cómo nos alimentamos, con nuestra autoestima, el dinero y hasta con nuestra salud.
Cuanto más profundizaba en las constelaciones familiares, más me daba cuenta de que lo emocional jugaba un papel trascendente. Las constelaciones revelaban patrones de comportamiento (abandono, rechazo, humillación...) repetidos a través de generaciones y vinculados a excluidos de mi sistema.
A la vez, veía que esos patrones coincidían con lo que Lise Bourbeau denominó "heridas de la infancia". Esas heridas eran producto de emociones que todos hemos experimentado de niños y esas heridas se expresaban en la vida adulta como patrones de apego y distorsiones de nuestra auto-imagen.
Pude comprobar que mi experiencia emocional temprana era un reflejo de las dinámicas familiares inconscientes, desórdenes y lealtades invisibles a miembros excluidos de mi sistema familiar. Cuando tomaba conciencia del patrón existente, podía elegir ponerle fin y decidir hacerlo de otra manera. Eso supuso un giro de 180 grados en mi vida.
Pero en ocasiones, pensamientos críticos volvían a mí, a juzgarme, a ponerme en duda... ¿Qué pasaba? ¿Lo que había hecho en constelaciones no era suficiente? Comprendí la magnitud de lo mental con este dato: tenemos unos 6.000 pensamientos diarios. Y la mitad de ellos son repetitivos, con especial prevalencia de lo amenazante porque el cerebro está priorizando nuestra supervivencia y alertándonos de peligros.
Entonces comprendí que tenía que trabajar en mi diálogo interno, en lo que me decía a mí misma. ¿Y qué repetía? Patrones del pasado. Frases que se repetían en la familia sobre los hombres, las mujeres, el dinero, lo que es aceptable y lo que no... Esas creencias estaban también ancladas a una herida emocional antigua. ¿Quién decía eso? ¿A quién estoy imitando? El análisis transaccional (AT) me dio las respuestas. El círculo se cerró.
Esta es mi forma de explicar el origen de los problemas. Y de mi camino de sanación.
Así ensamblé mi propio proceso de bienestar, tratando los problemas desde estos tres puntos de vista, emocional, sistémico y mental, con constelaciones y ejercicios combinados.
Además, como cliente, eché de menos una guía, un asesoramiento sobre cuál podría ser el siguiente paso, así que decidí incluir también un seguimiento personalizado que ayude a comprender lo que ha surgido en la constelación de cada persona y a integrarlo en su vida cotidiana.
Este modelo integrado es el que aplico ahora.