Bienvenidos a mi metro cuadrado en el mundo digital.
Este blog nace como un espacio íntimo donde comparto mi experiencia personal con las constelaciones familiares y la terapia sistémica, llevadas a la vida cotidiana, lejos de la teoría y cerca de lo vivido.
Las heridas duelen. Las cicatrices no, resume mi proceso de sanación.
Darme cuenta de que cuando sanamos las heridas, dejan de doler. Dejan cicatrices, sí, más o menos visibles, pero ya no duelen. La piel se hace más resistente y nosotros también.
Todos llevamos heridas. Es inevitable. Somos humanos, imperfectos, viviendo en un mundo imperfecto. Tuvimos padres que hicieron lo que pudieron y circunstancias que tampoco fueron ideales. Así es la vida.
Cuando éramos pequeños no podíamos hacer otra cosa que vivir lo que nos tocó. De adultos, en cambio, sí podemos decidir qué hacemos con aquello que nos pasó, con lo que sentimos entonces y no supimos —o no pudimos— gestionar.
Hace 18 años descubrí las constelaciones familiares y ¡funcionaron!

Había patrones que se repetían, heridas que otras terapias no terminaban de sanar… Dificultades con mi madre, con mi pareja, accidentes, problemas en mi piel… mejoraban tras constelarlo. A veces el cambio era inmediato —con los niños ocurre de forma sorprendentemente rápida— y otras veces se daba de manera progresiva.
Constelé muchísimas cosas para mí y fui comprendiendo las dinámicas familiares inconscientes que todos llevamos.
Eso me llevó a dejar de juzgar. No tenemos ni idea de las fidelidades que nos mueven. No somos conscientes de todas las creencias impuestas que llevamos. Y hay tantas…
Eso es lo que más me gusta de las constelaciones. Sacan a la luz lo que estaba oculto sin juicio. No conocemos las circunstancias en las que vivieron nuestros antepasados. Desde luego, mucho más duras que las nuestras. Y eso merece nuestro respeto. Y gratitud también, porque gracias a ellos estamos nosotros aquí.
A veces lo que observamos contradice la «historia oficial» de la familia. O da su lugar a alguien olvidado o excluido, que muestra su pertenencia al sistema familiar. Eso es lo segundo que más me gusta. Todos pertenecemos por igual, independientemente del tiempo que vivimos, o de lo que hicimos.
La vida, finalmente, me llevó a ser consteladora y a poner esta experiencia por escrito. Soy periodista de formación —y fue también mi profesión muchos años—, así que observar con detalle y escribir sobre ello me resulta natural y forma parte de mí.
Agradezco todo lo que Bert Hellinger, el fundador de las constelaciones familiares y Brigitte Champetier, mi maestra, mis dos referentes, me aportaron y me siguen enseñando.
Todos juntos al servicio de la vida.

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